Taxis: los taxistas (generalmente no oficiales o sin registrar) al servicio de la estafa, son un mal común sobre todo en las más grandes ciudades. Tomarlos en lugares autorizados, es una de las mejores formas de anticipar disgustos. También hay situaciones que nos pueden resultar extrañas: taxistas que nos quieren cambiar de destino (a un restaurante) o de recorrido porque argumentan algún contratiempo (como el que el restaurante está cerrado, o que el camino más previsible, está obstruido). Lo mejor es averiguar trayectos y costos posibles antes de viajar dentro de ciudades que no conocemos.
Agencias de turismo: al contratar una excursión, o un servicio de guía, nunca hay que hacerlo en la calle. Siempre hay que acudir a agencias autorizadas que cuenten con un local. De lo contrario, podríamos terminar pagando por servicios no contratados, extras o comisiones no pautadas. Sobre cómo detectar estafas, es interesante leer sobre cómo opera psicológicamente un estafador.
Reventa callejera: la regla a seguir es nunca acceder a comprar en vía pública un producto del que desconocemos el precio. Si preguntamos dos o tres veces en un destino de viaje por ese producto, tendremos un precio de referencia para evitar ser estafados y pagar un costo excesivo.
Comerciantes extorsivos. En mi caso, tuve la experiencia de entrar a un comercio totalmente turístico en una ciudad de Italia, y encontrarme con un vendedor poco amable, que dice no tener tiempo suficiente para atendernos, o presionar para que compremos algo de lo que no estamos seguros. Lo mejor, es dar un gracias, media vuelta y hasta luego, si es que nos sale ser irónicamente amables.
Las estafas en viajes, no tienen nacionalidad ni una modalidad exclusiva de un país. Incluso, existen sitios web donde se reseñan las estafas en tiempos de viaje más usuales. Basta con leer acerca de estafas comunes de vacaciones para tener otro panorama.
Si a ésto agregamos los contratiempos de una demora en un vuelo, o peor, un vuelo cancelado, no son pocas las variables que pueden alterarnos las vacaciones. Aunque tampoco hay que recaer en la paranoia. Después de todo, en cualquier país nos puede pasar alguna de las situaciones nombradas. Incluso en el nuestro. Lo mejor es salir, y siempre, ir con los ojos bien abiertos.
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