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lunes, 16 de enero de 2012
miércoles, 18 de mayo de 2011
Tesoros arqueológicos de Perú
El 24 de julio se cumplirá el centenario del descubrimiento de la ciudadela sagrada de Machu Picchu, declarada Patrimonio de la Humanidad en 1983 y más recientemente, en 2007, una de las nuevas maravillas del mundo. En los últimos años, muchos más descubrimientos han provocado que el circuito arqueológico de los grandes tesoros de Perú se haya ampliado considerablemente.
Machu Picchu. Álvaro Arriba
El descubrimiento de Machu Picchu, la ciudad perdida de los incas, se le atribuye al explorador norteamericano Hiram Bingham, pero hoy se sabe que esto no es cierto. Aunque Hiram Bingham lo dio a conocer al mundo, cuando llegó por primera vez a la ciudadela halló los nombres de Enrique Palma, Gabino Sánchez y Agustín Lizárraga dibujados a carbón en el templo de las tres ventanas: al parecer, estos viajeros habían estado allí el 14 de julio de 1902, diez años antes que él.
La historia de Machu Picchu está ligada a una trama de corrupción y saqueo. Según las investigaciones realizadas en junio del 2008 por el geógrafo y cartógrafo Paolo Greer, 44 años antes de la fecha oficial de su descubrimiento el empresario alemán Augusto Berns llegó a Cuzco para realizar trabajos relacionados con la construcción de una vía ferroviaria. Al parecer, en una de las deforestaciones encontró la ciudadela de Machu Picchu. Tras la guerra del Pacífico entre Perú y Chile, el empresario alemán fundó una sociedad llamada Las Huacas del Inca para explotar los tesoros de Machu Picchu. El gobierno peruano apoyó el proyecto. Berns firmó un escandaloso convenio por medio del cual el Estado le permitía excavar, extraer y explotar el material arqueológico que encontrase. A cambio, el empresario se comprometía a entregar al gobierno el 10 por ciento de las ventas que obtuviese al colocar las piezas encontradas en el mercado internacional de coleccionistas.
El expolio de tumbas. En la investigación realizada por Greer intervinieron también el historiador peruano Carlos Carcelén, el arqueólogo francés Alain Gioda y el historiador británico Alex Chepstow-Lusty. Al parecer, saquearon más de 40 tumbas y unas estructuras subterráneas selladas que contenían objetos de oro, plata y cobre de un valor incalculable, “Los tesoros de los Incas”, como los llamó el propio Berns en sus notas. Hasta el momento han confeccionado una lista con 57 nombres de súbditos peruanos y extranjeros que fueron clientes de Berns. Es imposible saber el valor de las piezas saqueadas, pero el expolio ha hurtado a la historia una información crucial sobre la función real que tuvo este santuario de los incas.

Hiram Bingham se llevó de Perú una ingente cantidad de piezas arqueológicas de la ciudadela. Las depositó en la Universidad de Yale, que patrocinaba todas sus expediciones. Recientemente, este centro se ha comprometido a devolver a Perú las más de 46.000 piezas que guarda desde 1912.
Machu Picchu ha sido desde hace décadas el icono turístico de Perú, pero ahora el viajero está ampliando su estancia para conocer otros lugares arqueológicos.
La ruta Moche. Desde que se descubriera la tumba mochica de El Señor de Sipán hace 20 años, en Lambayeque, la cultura moche ha cobrado un interés inusitado. La Ruta Moche es un nuevo circuito turístico que comienza en la ciudad colonial de Trujillo, a unos 500 kilómetros al norte de Lima, y termina más allá de las costas de Lambayeque. Las tumbas reales de Sipán protagonizan una gran epopeya de la aventura arqueológica protagonizada por el peruano Walter Alva. En la primavera de 1987, en la aldea de Sipán, a 28 kilómetros de la ciudad de Chiclayo, una banda de huaqueros (como llaman a los saqueadores de tumbas y traficantes de piezas arqueológicas) halló una tumba moche importante. Una noche, en la chichería de la aldea, dos policías de la brigada secreta antiterrorista presenciaban absortos la fiesta que celebraban los aldeanos. Todos bebían y reían como si les hubiese tocado la lotería. Los policías no entendían nada. Estaban allí porque una semana antes un comando terrorista de Sendero Luminoso había tomado la aldea vecina. Ya entrada la noche, un joven se acercó tambaleándose a la barra con síntomas de embriaguez. Al parecer no tenía dinero para pagar su cuenta, pero depositó en el mostrador una pieza arqueológica de oro. Los policías le detuvieron. No tuvieron que emplearse a fondo para que el muchacho les contara lo que ocurría. Una banda de huaqueros dirigida por un tal Ernil Bernal había saqueado una tumba importante en la huaca –en Perú llaman huaca a los lugares arqueológicos, ya sean tumbas, santuarios o, como en este caso, una pirámide– que lindaba con el pueblo. Los policías registraron la casa de Ernil Bernal, en la que solo se encontraba su madre. En la cocina encontraron una bolsa de papel que contenía varias piezas de oro. Desde la Comandancia de Chiclayo llamaron al arqueólogo Walter Alva, entonces supervisor de la zona y director del Museo Bruning de Lambayeque. El alijo lo componían un ídolo y dos cabezas felinas de oro y turquesas. Nunca antes se habían visto piezas así de la cultura moche. Decidieron intervenir de inmediato.

Cuando llegaron a Huaca Rajada, la pirámide que estaba siendo profanada, había 60 personas cavando y cribando la tierra. Tuvieron que disparar al aire para que la gente desalojase el lugar. Walter Alva, su colaborador Lucho Chero, dos estudiantes y dos policías se hicieron fuertes en el sitio. Todas las noches había tiroteos. Los huaqueros, instigados por los traficantes, atacaban el lugar. Era difícil hacerles comprender que aquellos tesoros que desenterraban eran Patrimonio de la Humanidad; que, a pesar de estar en su pueblo, no les pertenecían.
La tumba más rica de América. Al parecer, todo empezó por un conejo. En un recorrido de reconocimiento que realizaba la banda de Ernil Bernal en Huaca Rajada, buscando lugares en donde excavar, observaron una madriguera horadada en la pared de adobe de la pirámide. Al construir su guarida, un conejo arqueólogo había extraído unas bolitas de oro. Estaban perforadas: sin duda eran las cuentas de un collar. Esa misma noche los huaqueros comenzaron a excavar en la madriguera.
Tres días más tarde habían llegado a la cámara funeraria de una tumba. Las vigas de algarrobo con las que los mochica sellaban los enterramientos habían conseguido, a pesar del tiempo, que el relleno no aplastara la sepultura. Los féretros allí enterrados hace dos mil años se encontraban intactos. En sucesivas noches, con el mayor de los sigilos para no despertar sospechas en la aldea de Sipán, fueron extrayendo las joyas arqueológicas, pero los pobladores se enteraron y se presentaron en la pirámide. La banda de Ernil Bernal no tuvo más remedio que dejarles participar en el saqueo, aunque las piezas más importantes ya se las habían llevado.
Una noticia publicada en la prensa local de Trujillo referente a la venta clandestina de algunas de esas piezas por 80.000 dólares hizo intervenir a la Policía: al parecer el expolio había sido más grande de lo que se pensaban en un principio. Junto con Walter Alva regresaron a la casa de los Bernal. En ese momento Ernil llegaba con una furgoneta. Le dieron el alto, pero el huaquero se dio a la fuga; al poco era alcanzado por un certero disparo que puso fin a su vida. Según las declaraciones de Teófilo Villanueva, otro integrante de la banda de saqueadores, Ernil venía del campo, de esconder ocho sacos que contenían la mayor parte del botín. Desde entonces, la gente sigue buscando ese tesoro.
El Señor de Sipán. La muerte de Ernil Bernal hizo que las hostilidades en la excavación de Huaca Rajada se recrudecieran. Walter y su familia fueron amenazados de muerte si no dejaban de excavar y permitían la entrada de los huaqueros, pero Walter y los suyos siguieron con los trabajos. Habían descubierto una tumba de grandes dimensiones, muy cerca de la que había sido saqueada. En la parte más alta del contexto funerario, la osamenta de un guerrero con los pies amputados podía ser el presagio de un gran descubrimiento. Posiblemente se trataba del guardián del mausoleo. Ahora no podían desistir.
Siguieron excavando y profundizando en la tumba a golpe de pincel y espátula, al lento tempo de la arqueología. Un mes más tarde, en la primavera de 1987 se produjo el gran descubrimiento. Se trataba del primer gobernante mochica recuperado para la historia. El enterramiento contenía un personaje principal cubierto de ornamentos y emblemas militares de oro, plata y piedras preciosas, al que se llamó El Señor de Sipán. Junto a él, ocho osamentas de las personas que le acompañaron en su viaje al inframundo atestiguaban la importancia de este alto dignatario. La noticia del hallazgo dio la vuelta al mundo: se trataba de la tumba más rica de América. Mientras duró la recuperación y restauración de las más de 600 piezas del ajuar funerario, se acordonó la zona y los ataques de los huaqueros y traficantes cesaron.
Meses más tarde, junto a la tumba de El Señor de Sipán se encontraron los enterramientos de un sacerdote y de otro gobernante al que se llamó El Viejo Señor de Sipán. Hasta hoy se han descubierto 16 tumbas en la plataforma funeraria de Huaca Rajada. Todas de personajes de la élite moche: gobernantes, sacerdotes, jefes militares… Los tesoros recuperados se exponen en el Museo de Tumbas Reales de Lambayeque, considerado como uno de los mejores de América, y en el Museo del Sitio en Sipán, que alberga las piezas encontradas en las tumbas 14, 15 y 16.
La sacerdotisa de Cao. En 2006 tuvo lugar otro importantísimo descubrimiento a 50 kilómetros al norte de la ciudad de Trujillo, en el Complejo Arqueológico del Brujo, en la pirámide de Cao Viejo. En un reconocimiento rutinario, a media altura de la pirámide el arqueólogo Régulo Franco observó el comienzo de un muro con restos de pintura. Casi de inmediato comenzaron a excavar lo que resultó ser una pared con murales policromados, que representaban peces life y mantas raya. En pocas semanas dejaron al descubierto un recinto rectangular profusamente decorado. En el suelo encontraron una pieza de cerámica, que representaba un búho. Al desenterrarla, comprobaron que estaba encima de una tumba. Otras piezas de cerámica marcaban otros tres enterramientos. Extrajeron la tierra y los ladrillos de adobe de las primeras capas de la que parecía la tumba principal y llegaron a la cámara funeraria, sellada con vigas de madera de algarrobo intactas. En el fondo de la tumba vieron un gran fardo funerario, en el que se podía apreciar el dibujo esquemático de un rostro humano bordado en uno de sus extremos. A los pies, el esqueleto de una adolescente, que sin duda fue sacrificada en el mismo momento del enterramiento. Una soguilla anudada al cuello delataba que la chica fue estrangulada.
El fardo, que pesaba algo más de 100 kilos, fue extraído y depositado en el laboratorio del complejo. Pronto comenzaron las tareas de desenfardelamiento, que se prolongaron por seis meses. A los costados aparecieron dos mazas ornamentales de oro, lo que predecía que aquel personaje había pertenecido a la élite de la sociedad moche. La gran sorpresa llegó con los rayos X. En las primeras placas que obtuvieron del fardo observaron que el cráneo estaba tapado por varias coronas de oro. También vieron narigueras metálicas de oro y plata, estólicas y collares de piedras y conchas. No cabía ninguna duda, estaban ante un gobernante mochica, pero la sorpresa vino cuando vieron que aquel cadáver pertenecía a una mujer.
Guardaron el secreto hasta que terminaron todos los trabajos de desembalsamiento. Régulo Franco y su equipo sabían que la noticia sería una bomba entre la comunidad científica internacional. Las sorpresas continuaron. Tras extraer sus trajes de placas doradas, las 49 narigueras de oro y plata, las mazas, los collares de turquesa y las coronas de oro con rostros felinos, apareció el cuerpo de la que comenzaron a llamar la Dama de Cao. El estado de conservación de la momia era extraordinario y en sus brazos y piernas se apreciaban claramente dibujos tatuados de arañas y serpientes, que evocaban a los principales dioses moches, sobre todo relacionando a esta mujer con el mundo de la magia.
Sacrificios humanos. La Señora de Cao era una poderosa sacerdotisa, aparte de ser gobernante. Seguramente presidió muchos rituales de sacrificios humanos en el patio ceremonial de esta pirámide dominado por un mural que representa una cadena de reos que van hacia el dios degollador, el todopoderoso Aic-Apaec. Los mochica creían en unos dioses crueles a los que había que apaciguar con ofrendas y sacrificios. El fenómeno del Niño que llega cíclicamente a estas latitudes ocasionaba, y ocasiona todavía, verdaderas catástrofes. Las antiguas culturas peruanas creían que sus dioses descargaban sobre ellos su ira, de ahí los sacrificios humanos. La Dama de Cao gobernó poco tiempo. Por los análisis de antropología física se sabe que murió de un posparto cuando tenía unos 25 años. Sus manos retorcidas aparentan un gran sufrimiento.
Un poco más al sur, en la ciudad de Trujillo, las dos grandes pirámides del Sol y la Luna, separadas por una explanada de 500 metros de longitud, nos dan una idea de la magnitud que tenían las ciudades moche. El patio ceremonial de la Huaca de la Luna está considerado como la Capilla Sixtina del arte mochica. Excavados por el arqueólogo Santiago Uceda y el conservador Ricardo Morales, premiados con el galardón Reina Sofía, sus murales policromados en perfecto estado de conservación relatan escenas de combates rituales, sacrificios humanos y dioses del panteón moche. En la parte posterior del santuario, el canadiense Steve Bourget encontró 30 osamentas pertenecientes a hombres, mujeres y niños sacrificados. El estudio del ADN mitocondrial que se les realizó, comparado con restos recuperados en tumbas pertenecientes a personajes de la élite mochica, demostró que las personas entregadas a los dioses pertenecían al pueblo moche. Por la iconografía de la cerámica se sabe que la autoinmolación era un honor para ellos. Del estudio del canadiense se desprende una conclusión más siniestra si cabe: las osamentas encontradas tienen unos claros síntomas de tormento. Al parecer, los que iban al sacrificio eran sometidos previamente a suplicios para que su sangre colmara a la diosa tierra.
Ya en el departamento de Amazonas, en el norte del Perú, se encuentra una región, en gran parte inexplorada, que fue la cuna de una singular cultura que se desarrolló desde los años 800 a 1500: los chachapoyas, también llamados los hombres de los abismos. Es un lugar recóndito, de grandes desniveles, con montañas que ascienden hasta sobrepasar los 4.000 metros de altitud, y profundos valles y cañones formados por acantilados verticales y enormes precipicios. La selva crece en su espesura hasta los 3.000 metros de altura. La niebla, casi constante, oculta este mundo desconocido, en el que mausoleos y sarcófagos de antiguos chachapoyas, alojados en enclaves imposibles sobre las repisas de los barrancos, terminan de poner la nota de misterio, que hace de esta región un territorio enigmático.
Lugares imposibles. Los indios blancos, como los definió el cronista español Cieza de León por sus rasgos casi caucasianos y su tez pálida, también sorprenden porque escogían lugares imposibles para construir sus viviendas y ciudadelas. Los restos de las fachadas redondas de sus casas se pueden ver literalmente colgados en acantilados y paredes verticales que desafían a las leyes físicas. Más espectacular, si cabe, es su arquitectura funeraria: las llamadas chulpas, habitaciones en las que depositaban a sus muertos. Las construían en paredes cortadas a pico, a cientos de metros de altura, para preservar a sus difuntos de profanaciones y saqueos. También instalaban sarcófagos confeccionados con cañas y barro, en repisas inaccesibles, en los que alojaban los fardos funerarios de los personajes más notables de la élite. Todavía no existe una teoría aceptada por todos sobre cómo pudieron realizar estas prodigiosas edificaciones.
En la región de Chachapoyas todavía hoy se producen nuevos descubrimientos arqueológicos en lugares escondidos en las profundas quebradas tapadas por la selva. Buena prueba de lo inexplorado de este territorio es la catarata de Gocta, la tercera más alta del mundo, que se dio a conocer en el año 2006. Se trata de un salto de agua de cerca de 800 metros de altura, que se encuentra en una gran quebrada poblada por un denso bosque nuboso. El caudal, que nunca se seca, desciende desde la cresta de un altiplano y cae en dos etapas.
Por la región hay sarcófagos ubicados en repisas de difícil acceso. Los más impresionantes son los de Karajia. Están colocados a unos 40 metros de altura en un farallón calcáreo. Miden unos dos metros y constan de busto y cabeza. Están decorados con dibujos geométricos. Sus rostros planos y dolicocéfalos nos recuerdan a los moai de la Isla de Pascua. Están adornados con cráneos-trofeo. Siempre formaban grupos de seis u ocho sarcófagos. Se supone que primero colocaban el fardo funerario y sobre él construían el sarcófago con cañas y barro.
El Egipto de Sudamérica. Los difuntos eran sometidos a un complejo proceso de momificación y embalsamamiento. Aplicaban hierbas y ungüentos para preservar el cadáver de las moscas, que depositaban sus huevos en la carne para que posteriormente eclosionaran las larvas. Parece ser que los sometían a un ahumado para secar la piel. Luego los colocaban en posición fetal y quebraban sus articulaciones para que ocupasen menos. Con una soga enrollaban el cuerpo y lo comprimían. Finalmente lo envolvían con varias capas de lienzos. La última iba bordada con dibujos geométricos y un esquemático rostro humano. En la última época, influenciados por los incas, perfeccionaron el proceso de momificación. Extraían el paquete intestinal a través del recto dilatando el esfínter y colocando un tapón de tela.
Los fardos eran depositados en las chulpas funerarias a gran altura, en habitaciones de dos o tres pisos. Las fachadas de los mausoleos eran decoradas con símbolos sagrados y a veces, como en el Gran Pajaten, con tallas de madera en las que se podía apreciar los genitales masculinos. Se supone que representaban a los espíritus de sus ancestros.
Sus casas, de fachadas redondas, también las construían en las laderas de las montañas, seguramente para defenderse mejor de los ataques enemigos. La ciudadela de Kuelap, la ciudad de las nubes, es una construcción colosal edificada al borde de un abismo de mil metros de altura. Con las piedras que utilizaron en su construcción se podrían erigir tres pirámides de Keops.
Los hallazgos arqueológicos realizados en las tres últimas décadas han hecho de Perú un destino indiscutible para los amantes de la historia y la arqueología. Ya se habla del Egipto sudamericano gracias a las enigmáticas culturas preincaicas que se remontan hasta los 12.000 años de antigüedad.
Precursores del Inca y culturas con 4.500 años de antigüedad
En la Ruta Moche también se pueden visitar lugares arqueológicos pertenecientes a otras culturas. Junto a Trujillo se extiende Chan-Chan, la mayor urbe de barro de América, que hacia el año 1000 llegó a tener unos cien mil habitantes. Pertenece a la cultura chimú, que se desarrolló en este desierto del 900 hasta el 1470, cuando fueron derrotados por los incas. Más al norte, por la Panamericana, encontramos el santuario de Cerro Sechin, en el valle de Casma, de 3.600 años de antigüedad. En sus murallas pétreas está grabado en bajorrelieve todo un tratado de anatomía humana: huesos, vísceras, cráneos y ojos esculpidos con realismo. En Chiclayo, a unos 800 kilómetros al norte de Lima, es donde se acumulan más lugares arqueológicos de la Ruta Moche. Amén de las tumbas de Sipán y las recientes excavaciones de Úcupe, en la que han aparecido murales policromados, uno de ellos con una representación erótica única hasta ahora, se pueden visitar las excavaciones del Valle de Ventarrón, en las que recientemente se han descubierto los murales policromados más antiguos de América. Pertenecen a una civilización desconocida, de unos 4.500 años de antigüedad. A unos kilómetros al norte está la ciudad de Túcume. Aquí se encuentra la mayor aglomeración de pirámides del mundo, más de trescientas. De las 26 pirámides del complejo de Túcume, de la cultura lambayeque, posterior a la moche, tan sólo una ha sido excavada hasta el momento, gracias al empeño del explorador noruego Thor Heyerdahl. También se pueden visitar el Bosque Sagrado de Pomac y las playas de Pimentel, donde los pescadores utilizan sus caballitos de totora como lo hacían los moches hace dos mil años.
La soprendente tecnología Mochica
Los mochica, que habitaron en el desierto de la costa norte peruana, entre los Andes y el Pacífico, desde el siglo I a.C. y el VI d.C., llegaron a un desarrollo tecnológico sorprendente. Gracias a una enorme red de canales, algunos de ellos todavía en uso, convirtieron su hábitat estéril en un vergel. En sus pirámides, edificadas con millones de ladrillos de adobe, utilizaban técnicas antisísmicas. Algunas de sus ciudades llegaron a tener más de 15.000 habitantes. Eran capaces de dorar en cobre, algo que se consiguió en Europa a finales del siglo XVIII con técnicas de electrolisis. Por medio de finos sopladores concentraban el fuego y soldaban los metales. Los mochica no escribieron, pero nos dejaron su forma de vida plasmada en la iconografía de la cerámica, considerada hoy en día, por su realismo y belleza, como una manifestación cultural comparable a la escultura clásica.
Gastronomía peruana, mucho más que ceviche y “pisco-sour”
La gastronomía peruana ha experimentado un auge internacional en los últimos años que la ha situado entre las mejores del continente americano. Muchos cocineros peruanos se han hecho populares en el mundo entero, como Gastón Acurio, con restaurantes en Lima, Santiago de Chile, Nueva York y Madrid. Las recetas cambian en las diferentes regiones del país, pero la base es siempre la misma: las patatas, de las que Perú tiene más de trescientas variedades. Es el alimento más popular del país, desde los ñuños de los Andes, que son patatas deshidratadas y congeladas, hasta las exquisitas negras, que tienen la carne amarilla y es con la que preparan la causa. La amasan con aceite y la rellenan de atún, langostinos o cangrejo.
El plato rey de Perú es el ceviche. Se prepara con pescado fresco: lenguado, corvina, toyo… También puede ser mixto, con bivalvos, mariscos… Se mezclan con cebolla morada y picante, rocoto o ajilimo. Sobre la mezcla se derrama el limón, que cuece el pescado. Se sirve junto con un trozo de camote o boniato y con maíz cocido. A veces le añaden cilantro, llamado culantro en Perú. Otros platos típicos son el ají de gallina, el seco de cabrito, la tortilla de raya, las papas rellenas, el lomo saltado y los pescados y mariscos al carbón, como el atún del Pacífico, que posee una textura extraordinaria. En el norte son típicos los anticuchos, brochetas de corazón de vaca; el arroz con pato, cuya receta se basa en el culantro, y el taku-taku, una especie de tortilla hecha con el potaje de frijoles y arroz del día anterior. Los postres están basados en frutas como la chirimoya, el mango, el mamei y la lúcuma; con esta última se preparan unas singulares y deliciosas tartas.
La bebida nacional es el pisco-sour y el cóctel de algarrobita. El pisco es un destilado de uva comparable a la grapa y cada día se elabora mejor. Es un aguardiente fino, digestivo y caro. Una botella de buen pisco no baja de 20 €.
Los 15 lugares arqueológicos imprescindibles de Perú
Machu Picchu
Desde Cuzco es imprescindible ir en tren hasta la ciudadela de Machu Picchu, atravesando el Valle Sagrado. La excursión es de todo el día. También hay que conocer Sacsayhuaman, Ollantaytambo o Pisac. Entrada: 16 € (adultos) y 8 € (niños).
Cararal
A 180 kilómetros al norte de Lima. Un enclave con 32 pirámides de piedra. Con 5.000 años de antigüedad, se sabe muy poco de sus antiguos habitantes. Entrada: 2,5 € (adultos) y 1,5 € (niños).
Sechin
A 375 kilómetros al norte de Lima. El santuario de Sechin, de 3.600 años de antigüedad, es un extraño tratado de anatomía. En las paredes de sus muros de piedra está representado el cuerpo humano en bajorrelieve. Entrada: 1,5 €.
Huacas del Sol y la Luna
A cinco kilómetros de Trujillo, es la Capilla Sixtina del arte moche. Su patio ceremonial es un espectáculo de murales policromados que representan la vida y las creencias de los mochica. Entrada: 2,5 € con guía y 0,50 € el museo del sitio.
Chan–Chan
Pegada a Trujillo, Chan–Chan, de la cultura chimú, es la ciudad de barro más grande de América. Entrada: 1,5 €; niños hasta siete años no pagan.
Complejo del Brujo
A 50 km de Trujillo, consta de tres pirámides: Huaca Prieta, Huaca Cortada y la Huaca de Cao Viejo, en la que se halló en 2006 la momia de la Señora de Cao. El patio ceremonial está presidido por un mural que representa una cadena de reos que van hacia el sacrificio. La momia está expuesta en el museo del sitio. Entrada: 2,5 € (con museo) y 0,25 € (niños).
Huaca Rajada
A 28 km de Chiclayo, es un complejo arquitectónico de tres pirámides y dos plataformas. En una de estas plataformas se han encontrado 16 tumbas de personajes de la élite moche. Cada tumba contiene la réplica del enterramiento. Magnífico museo del sitio. Entrada: 2 € (adultos); 1 € (estudiantes9 y 0,5 € (niños).
Tumbas Reales de Sipán
Sito en Lambayeque, es uno de los mejores museos de América. Por fuera es como una pirámide moche. En su interior guarda los ajuares funerarios de Sipán. Magnífica reproducción de la tumba del Señor de Sipán. No hay que perderse el collar de arañas del Viejo Señor de Sipán y los cetros de los gobernantes. Entrada: 1,75 € (adultos) y 0,25 € (niños).
Túcume
A 30 kilómetros de Chiclayo, este complejo arqueológico de la cultura lambayeque tiene 26 pirámides de adobe. Imprescindible subir al mirador para apreciar la magnitud del lugar. Tiene un centro de interpretación. Entrada: 2 € (adultos), 0,75 € (estudiantes) y 0,25 € (niños).
Ventarrón
A 10 kilómetros de Chiclayo, en la ciudad de Pomalca. Nuevas excavaciones dirigidas por Ignacio Alva. Se han encontrado dos templos de entre 4.000 y 5.000 años de antigüedad. En el más pequeño han aparecido murales policromados con deidades desconocidas. Son los murales pintados más antiguos de América. En torno a los templos hay cientos de tumbas de la época cupisnique. Entrada libre.
Nazca
A 400 kilómetros de Lima se encuentra la Pampa del Ingenio, en las que están labradas en el suelo las misteriosas Líneas de Nazca. Figuras y líneas que solo se observan desde el aire. No se sabe cómo pudieron dibujarlas y para qué. Sobrevolarlas cuesta unos 50 €.
Chavín de Huantar
Este santuario, en el corazón de la Cordillera Blanca, es el centro más importante para comprender las antiguas culturas del Perú. Son impresionantes sus pasadizos subterráneos, que desembocan en la cripta del Lanzón, un monolito de granito que representa al dios de los Andes. En su plaza exterior se realizaban los sacrificios. Entrada: 2,25 € (adultos), 0,75 € (estudiantes) y 0,25 € (niños).
Acantilado de Karajia
En la provincia de Luya se encuentra un acantilado presidido por los Purunmachos, los sarcófagos más espectaculares de los chachapoyas. Constituye un verdadero espectáculo. Entrada libre.
Kumbemayo
A pocos kilómetros de Cajamarca se encuentra Cumbemayo, la mayor obra de ingeniería hidráulica de la América precolombina. Es un paisaje lleno de cavernas sagradas y petroglifos. Los Frailones, las formaciones rocosas horadadas por el viento de la zona, ponen una nota más de misterio a este lugar. Entrada libre.
Ruta Moche
Trujillo y Chiclayo son la base para visitar la numerosas excavaciones de esta ruta.
La historia de Machu Picchu está ligada a una trama de corrupción y saqueo. Según las investigaciones realizadas en junio del 2008 por el geógrafo y cartógrafo Paolo Greer, 44 años antes de la fecha oficial de su descubrimiento el empresario alemán Augusto Berns llegó a Cuzco para realizar trabajos relacionados con la construcción de una vía ferroviaria. Al parecer, en una de las deforestaciones encontró la ciudadela de Machu Picchu. Tras la guerra del Pacífico entre Perú y Chile, el empresario alemán fundó una sociedad llamada Las Huacas del Inca para explotar los tesoros de Machu Picchu. El gobierno peruano apoyó el proyecto. Berns firmó un escandaloso convenio por medio del cual el Estado le permitía excavar, extraer y explotar el material arqueológico que encontrase. A cambio, el empresario se comprometía a entregar al gobierno el 10 por ciento de las ventas que obtuviese al colocar las piezas encontradas en el mercado internacional de coleccionistas.
El expolio de tumbas. En la investigación realizada por Greer intervinieron también el historiador peruano Carlos Carcelén, el arqueólogo francés Alain Gioda y el historiador británico Alex Chepstow-Lusty. Al parecer, saquearon más de 40 tumbas y unas estructuras subterráneas selladas que contenían objetos de oro, plata y cobre de un valor incalculable, “Los tesoros de los Incas”, como los llamó el propio Berns en sus notas. Hasta el momento han confeccionado una lista con 57 nombres de súbditos peruanos y extranjeros que fueron clientes de Berns. Es imposible saber el valor de las piezas saqueadas, pero el expolio ha hurtado a la historia una información crucial sobre la función real que tuvo este santuario de los incas.
Hiram Bingham se llevó de Perú una ingente cantidad de piezas arqueológicas de la ciudadela. Las depositó en la Universidad de Yale, que patrocinaba todas sus expediciones. Recientemente, este centro se ha comprometido a devolver a Perú las más de 46.000 piezas que guarda desde 1912.
Machu Picchu ha sido desde hace décadas el icono turístico de Perú, pero ahora el viajero está ampliando su estancia para conocer otros lugares arqueológicos.
La ruta Moche. Desde que se descubriera la tumba mochica de El Señor de Sipán hace 20 años, en Lambayeque, la cultura moche ha cobrado un interés inusitado. La Ruta Moche es un nuevo circuito turístico que comienza en la ciudad colonial de Trujillo, a unos 500 kilómetros al norte de Lima, y termina más allá de las costas de Lambayeque. Las tumbas reales de Sipán protagonizan una gran epopeya de la aventura arqueológica protagonizada por el peruano Walter Alva. En la primavera de 1987, en la aldea de Sipán, a 28 kilómetros de la ciudad de Chiclayo, una banda de huaqueros (como llaman a los saqueadores de tumbas y traficantes de piezas arqueológicas) halló una tumba moche importante. Una noche, en la chichería de la aldea, dos policías de la brigada secreta antiterrorista presenciaban absortos la fiesta que celebraban los aldeanos. Todos bebían y reían como si les hubiese tocado la lotería. Los policías no entendían nada. Estaban allí porque una semana antes un comando terrorista de Sendero Luminoso había tomado la aldea vecina. Ya entrada la noche, un joven se acercó tambaleándose a la barra con síntomas de embriaguez. Al parecer no tenía dinero para pagar su cuenta, pero depositó en el mostrador una pieza arqueológica de oro. Los policías le detuvieron. No tuvieron que emplearse a fondo para que el muchacho les contara lo que ocurría. Una banda de huaqueros dirigida por un tal Ernil Bernal había saqueado una tumba importante en la huaca –en Perú llaman huaca a los lugares arqueológicos, ya sean tumbas, santuarios o, como en este caso, una pirámide– que lindaba con el pueblo. Los policías registraron la casa de Ernil Bernal, en la que solo se encontraba su madre. En la cocina encontraron una bolsa de papel que contenía varias piezas de oro. Desde la Comandancia de Chiclayo llamaron al arqueólogo Walter Alva, entonces supervisor de la zona y director del Museo Bruning de Lambayeque. El alijo lo componían un ídolo y dos cabezas felinas de oro y turquesas. Nunca antes se habían visto piezas así de la cultura moche. Decidieron intervenir de inmediato.
Cuando llegaron a Huaca Rajada, la pirámide que estaba siendo profanada, había 60 personas cavando y cribando la tierra. Tuvieron que disparar al aire para que la gente desalojase el lugar. Walter Alva, su colaborador Lucho Chero, dos estudiantes y dos policías se hicieron fuertes en el sitio. Todas las noches había tiroteos. Los huaqueros, instigados por los traficantes, atacaban el lugar. Era difícil hacerles comprender que aquellos tesoros que desenterraban eran Patrimonio de la Humanidad; que, a pesar de estar en su pueblo, no les pertenecían.
La tumba más rica de América. Al parecer, todo empezó por un conejo. En un recorrido de reconocimiento que realizaba la banda de Ernil Bernal en Huaca Rajada, buscando lugares en donde excavar, observaron una madriguera horadada en la pared de adobe de la pirámide. Al construir su guarida, un conejo arqueólogo había extraído unas bolitas de oro. Estaban perforadas: sin duda eran las cuentas de un collar. Esa misma noche los huaqueros comenzaron a excavar en la madriguera.
Tres días más tarde habían llegado a la cámara funeraria de una tumba. Las vigas de algarrobo con las que los mochica sellaban los enterramientos habían conseguido, a pesar del tiempo, que el relleno no aplastara la sepultura. Los féretros allí enterrados hace dos mil años se encontraban intactos. En sucesivas noches, con el mayor de los sigilos para no despertar sospechas en la aldea de Sipán, fueron extrayendo las joyas arqueológicas, pero los pobladores se enteraron y se presentaron en la pirámide. La banda de Ernil Bernal no tuvo más remedio que dejarles participar en el saqueo, aunque las piezas más importantes ya se las habían llevado.
Una noticia publicada en la prensa local de Trujillo referente a la venta clandestina de algunas de esas piezas por 80.000 dólares hizo intervenir a la Policía: al parecer el expolio había sido más grande de lo que se pensaban en un principio. Junto con Walter Alva regresaron a la casa de los Bernal. En ese momento Ernil llegaba con una furgoneta. Le dieron el alto, pero el huaquero se dio a la fuga; al poco era alcanzado por un certero disparo que puso fin a su vida. Según las declaraciones de Teófilo Villanueva, otro integrante de la banda de saqueadores, Ernil venía del campo, de esconder ocho sacos que contenían la mayor parte del botín. Desde entonces, la gente sigue buscando ese tesoro.
El Señor de Sipán. La muerte de Ernil Bernal hizo que las hostilidades en la excavación de Huaca Rajada se recrudecieran. Walter y su familia fueron amenazados de muerte si no dejaban de excavar y permitían la entrada de los huaqueros, pero Walter y los suyos siguieron con los trabajos. Habían descubierto una tumba de grandes dimensiones, muy cerca de la que había sido saqueada. En la parte más alta del contexto funerario, la osamenta de un guerrero con los pies amputados podía ser el presagio de un gran descubrimiento. Posiblemente se trataba del guardián del mausoleo. Ahora no podían desistir.
Siguieron excavando y profundizando en la tumba a golpe de pincel y espátula, al lento tempo de la arqueología. Un mes más tarde, en la primavera de 1987 se produjo el gran descubrimiento. Se trataba del primer gobernante mochica recuperado para la historia. El enterramiento contenía un personaje principal cubierto de ornamentos y emblemas militares de oro, plata y piedras preciosas, al que se llamó El Señor de Sipán. Junto a él, ocho osamentas de las personas que le acompañaron en su viaje al inframundo atestiguaban la importancia de este alto dignatario. La noticia del hallazgo dio la vuelta al mundo: se trataba de la tumba más rica de América. Mientras duró la recuperación y restauración de las más de 600 piezas del ajuar funerario, se acordonó la zona y los ataques de los huaqueros y traficantes cesaron.
Meses más tarde, junto a la tumba de El Señor de Sipán se encontraron los enterramientos de un sacerdote y de otro gobernante al que se llamó El Viejo Señor de Sipán. Hasta hoy se han descubierto 16 tumbas en la plataforma funeraria de Huaca Rajada. Todas de personajes de la élite moche: gobernantes, sacerdotes, jefes militares… Los tesoros recuperados se exponen en el Museo de Tumbas Reales de Lambayeque, considerado como uno de los mejores de América, y en el Museo del Sitio en Sipán, que alberga las piezas encontradas en las tumbas 14, 15 y 16.
La sacerdotisa de Cao. En 2006 tuvo lugar otro importantísimo descubrimiento a 50 kilómetros al norte de la ciudad de Trujillo, en el Complejo Arqueológico del Brujo, en la pirámide de Cao Viejo. En un reconocimiento rutinario, a media altura de la pirámide el arqueólogo Régulo Franco observó el comienzo de un muro con restos de pintura. Casi de inmediato comenzaron a excavar lo que resultó ser una pared con murales policromados, que representaban peces life y mantas raya. En pocas semanas dejaron al descubierto un recinto rectangular profusamente decorado. En el suelo encontraron una pieza de cerámica, que representaba un búho. Al desenterrarla, comprobaron que estaba encima de una tumba. Otras piezas de cerámica marcaban otros tres enterramientos. Extrajeron la tierra y los ladrillos de adobe de las primeras capas de la que parecía la tumba principal y llegaron a la cámara funeraria, sellada con vigas de madera de algarrobo intactas. En el fondo de la tumba vieron un gran fardo funerario, en el que se podía apreciar el dibujo esquemático de un rostro humano bordado en uno de sus extremos. A los pies, el esqueleto de una adolescente, que sin duda fue sacrificada en el mismo momento del enterramiento. Una soguilla anudada al cuello delataba que la chica fue estrangulada.
El fardo, que pesaba algo más de 100 kilos, fue extraído y depositado en el laboratorio del complejo. Pronto comenzaron las tareas de desenfardelamiento, que se prolongaron por seis meses. A los costados aparecieron dos mazas ornamentales de oro, lo que predecía que aquel personaje había pertenecido a la élite de la sociedad moche. La gran sorpresa llegó con los rayos X. En las primeras placas que obtuvieron del fardo observaron que el cráneo estaba tapado por varias coronas de oro. También vieron narigueras metálicas de oro y plata, estólicas y collares de piedras y conchas. No cabía ninguna duda, estaban ante un gobernante mochica, pero la sorpresa vino cuando vieron que aquel cadáver pertenecía a una mujer.
Guardaron el secreto hasta que terminaron todos los trabajos de desembalsamiento. Régulo Franco y su equipo sabían que la noticia sería una bomba entre la comunidad científica internacional. Las sorpresas continuaron. Tras extraer sus trajes de placas doradas, las 49 narigueras de oro y plata, las mazas, los collares de turquesa y las coronas de oro con rostros felinos, apareció el cuerpo de la que comenzaron a llamar la Dama de Cao. El estado de conservación de la momia era extraordinario y en sus brazos y piernas se apreciaban claramente dibujos tatuados de arañas y serpientes, que evocaban a los principales dioses moches, sobre todo relacionando a esta mujer con el mundo de la magia.
Sacrificios humanos. La Señora de Cao era una poderosa sacerdotisa, aparte de ser gobernante. Seguramente presidió muchos rituales de sacrificios humanos en el patio ceremonial de esta pirámide dominado por un mural que representa una cadena de reos que van hacia el dios degollador, el todopoderoso Aic-Apaec. Los mochica creían en unos dioses crueles a los que había que apaciguar con ofrendas y sacrificios. El fenómeno del Niño que llega cíclicamente a estas latitudes ocasionaba, y ocasiona todavía, verdaderas catástrofes. Las antiguas culturas peruanas creían que sus dioses descargaban sobre ellos su ira, de ahí los sacrificios humanos. La Dama de Cao gobernó poco tiempo. Por los análisis de antropología física se sabe que murió de un posparto cuando tenía unos 25 años. Sus manos retorcidas aparentan un gran sufrimiento.
Un poco más al sur, en la ciudad de Trujillo, las dos grandes pirámides del Sol y la Luna, separadas por una explanada de 500 metros de longitud, nos dan una idea de la magnitud que tenían las ciudades moche. El patio ceremonial de la Huaca de la Luna está considerado como la Capilla Sixtina del arte mochica. Excavados por el arqueólogo Santiago Uceda y el conservador Ricardo Morales, premiados con el galardón Reina Sofía, sus murales policromados en perfecto estado de conservación relatan escenas de combates rituales, sacrificios humanos y dioses del panteón moche. En la parte posterior del santuario, el canadiense Steve Bourget encontró 30 osamentas pertenecientes a hombres, mujeres y niños sacrificados. El estudio del ADN mitocondrial que se les realizó, comparado con restos recuperados en tumbas pertenecientes a personajes de la élite mochica, demostró que las personas entregadas a los dioses pertenecían al pueblo moche. Por la iconografía de la cerámica se sabe que la autoinmolación era un honor para ellos. Del estudio del canadiense se desprende una conclusión más siniestra si cabe: las osamentas encontradas tienen unos claros síntomas de tormento. Al parecer, los que iban al sacrificio eran sometidos previamente a suplicios para que su sangre colmara a la diosa tierra.
Ya en el departamento de Amazonas, en el norte del Perú, se encuentra una región, en gran parte inexplorada, que fue la cuna de una singular cultura que se desarrolló desde los años 800 a 1500: los chachapoyas, también llamados los hombres de los abismos. Es un lugar recóndito, de grandes desniveles, con montañas que ascienden hasta sobrepasar los 4.000 metros de altitud, y profundos valles y cañones formados por acantilados verticales y enormes precipicios. La selva crece en su espesura hasta los 3.000 metros de altura. La niebla, casi constante, oculta este mundo desconocido, en el que mausoleos y sarcófagos de antiguos chachapoyas, alojados en enclaves imposibles sobre las repisas de los barrancos, terminan de poner la nota de misterio, que hace de esta región un territorio enigmático.
Lugares imposibles. Los indios blancos, como los definió el cronista español Cieza de León por sus rasgos casi caucasianos y su tez pálida, también sorprenden porque escogían lugares imposibles para construir sus viviendas y ciudadelas. Los restos de las fachadas redondas de sus casas se pueden ver literalmente colgados en acantilados y paredes verticales que desafían a las leyes físicas. Más espectacular, si cabe, es su arquitectura funeraria: las llamadas chulpas, habitaciones en las que depositaban a sus muertos. Las construían en paredes cortadas a pico, a cientos de metros de altura, para preservar a sus difuntos de profanaciones y saqueos. También instalaban sarcófagos confeccionados con cañas y barro, en repisas inaccesibles, en los que alojaban los fardos funerarios de los personajes más notables de la élite. Todavía no existe una teoría aceptada por todos sobre cómo pudieron realizar estas prodigiosas edificaciones.
En la región de Chachapoyas todavía hoy se producen nuevos descubrimientos arqueológicos en lugares escondidos en las profundas quebradas tapadas por la selva. Buena prueba de lo inexplorado de este territorio es la catarata de Gocta, la tercera más alta del mundo, que se dio a conocer en el año 2006. Se trata de un salto de agua de cerca de 800 metros de altura, que se encuentra en una gran quebrada poblada por un denso bosque nuboso. El caudal, que nunca se seca, desciende desde la cresta de un altiplano y cae en dos etapas.
Por la región hay sarcófagos ubicados en repisas de difícil acceso. Los más impresionantes son los de Karajia. Están colocados a unos 40 metros de altura en un farallón calcáreo. Miden unos dos metros y constan de busto y cabeza. Están decorados con dibujos geométricos. Sus rostros planos y dolicocéfalos nos recuerdan a los moai de la Isla de Pascua. Están adornados con cráneos-trofeo. Siempre formaban grupos de seis u ocho sarcófagos. Se supone que primero colocaban el fardo funerario y sobre él construían el sarcófago con cañas y barro.
El Egipto de Sudamérica. Los difuntos eran sometidos a un complejo proceso de momificación y embalsamamiento. Aplicaban hierbas y ungüentos para preservar el cadáver de las moscas, que depositaban sus huevos en la carne para que posteriormente eclosionaran las larvas. Parece ser que los sometían a un ahumado para secar la piel. Luego los colocaban en posición fetal y quebraban sus articulaciones para que ocupasen menos. Con una soga enrollaban el cuerpo y lo comprimían. Finalmente lo envolvían con varias capas de lienzos. La última iba bordada con dibujos geométricos y un esquemático rostro humano. En la última época, influenciados por los incas, perfeccionaron el proceso de momificación. Extraían el paquete intestinal a través del recto dilatando el esfínter y colocando un tapón de tela.
Los fardos eran depositados en las chulpas funerarias a gran altura, en habitaciones de dos o tres pisos. Las fachadas de los mausoleos eran decoradas con símbolos sagrados y a veces, como en el Gran Pajaten, con tallas de madera en las que se podía apreciar los genitales masculinos. Se supone que representaban a los espíritus de sus ancestros.
Sus casas, de fachadas redondas, también las construían en las laderas de las montañas, seguramente para defenderse mejor de los ataques enemigos. La ciudadela de Kuelap, la ciudad de las nubes, es una construcción colosal edificada al borde de un abismo de mil metros de altura. Con las piedras que utilizaron en su construcción se podrían erigir tres pirámides de Keops.
Los hallazgos arqueológicos realizados en las tres últimas décadas han hecho de Perú un destino indiscutible para los amantes de la historia y la arqueología. Ya se habla del Egipto sudamericano gracias a las enigmáticas culturas preincaicas que se remontan hasta los 12.000 años de antigüedad.
Precursores del Inca y culturas con 4.500 años de antigüedad
En la Ruta Moche también se pueden visitar lugares arqueológicos pertenecientes a otras culturas. Junto a Trujillo se extiende Chan-Chan, la mayor urbe de barro de América, que hacia el año 1000 llegó a tener unos cien mil habitantes. Pertenece a la cultura chimú, que se desarrolló en este desierto del 900 hasta el 1470, cuando fueron derrotados por los incas. Más al norte, por la Panamericana, encontramos el santuario de Cerro Sechin, en el valle de Casma, de 3.600 años de antigüedad. En sus murallas pétreas está grabado en bajorrelieve todo un tratado de anatomía humana: huesos, vísceras, cráneos y ojos esculpidos con realismo. En Chiclayo, a unos 800 kilómetros al norte de Lima, es donde se acumulan más lugares arqueológicos de la Ruta Moche. Amén de las tumbas de Sipán y las recientes excavaciones de Úcupe, en la que han aparecido murales policromados, uno de ellos con una representación erótica única hasta ahora, se pueden visitar las excavaciones del Valle de Ventarrón, en las que recientemente se han descubierto los murales policromados más antiguos de América. Pertenecen a una civilización desconocida, de unos 4.500 años de antigüedad. A unos kilómetros al norte está la ciudad de Túcume. Aquí se encuentra la mayor aglomeración de pirámides del mundo, más de trescientas. De las 26 pirámides del complejo de Túcume, de la cultura lambayeque, posterior a la moche, tan sólo una ha sido excavada hasta el momento, gracias al empeño del explorador noruego Thor Heyerdahl. También se pueden visitar el Bosque Sagrado de Pomac y las playas de Pimentel, donde los pescadores utilizan sus caballitos de totora como lo hacían los moches hace dos mil años.
La soprendente tecnología Mochica
Los mochica, que habitaron en el desierto de la costa norte peruana, entre los Andes y el Pacífico, desde el siglo I a.C. y el VI d.C., llegaron a un desarrollo tecnológico sorprendente. Gracias a una enorme red de canales, algunos de ellos todavía en uso, convirtieron su hábitat estéril en un vergel. En sus pirámides, edificadas con millones de ladrillos de adobe, utilizaban técnicas antisísmicas. Algunas de sus ciudades llegaron a tener más de 15.000 habitantes. Eran capaces de dorar en cobre, algo que se consiguió en Europa a finales del siglo XVIII con técnicas de electrolisis. Por medio de finos sopladores concentraban el fuego y soldaban los metales. Los mochica no escribieron, pero nos dejaron su forma de vida plasmada en la iconografía de la cerámica, considerada hoy en día, por su realismo y belleza, como una manifestación cultural comparable a la escultura clásica.
Gastronomía peruana, mucho más que ceviche y “pisco-sour”
La gastronomía peruana ha experimentado un auge internacional en los últimos años que la ha situado entre las mejores del continente americano. Muchos cocineros peruanos se han hecho populares en el mundo entero, como Gastón Acurio, con restaurantes en Lima, Santiago de Chile, Nueva York y Madrid. Las recetas cambian en las diferentes regiones del país, pero la base es siempre la misma: las patatas, de las que Perú tiene más de trescientas variedades. Es el alimento más popular del país, desde los ñuños de los Andes, que son patatas deshidratadas y congeladas, hasta las exquisitas negras, que tienen la carne amarilla y es con la que preparan la causa. La amasan con aceite y la rellenan de atún, langostinos o cangrejo.
El plato rey de Perú es el ceviche. Se prepara con pescado fresco: lenguado, corvina, toyo… También puede ser mixto, con bivalvos, mariscos… Se mezclan con cebolla morada y picante, rocoto o ajilimo. Sobre la mezcla se derrama el limón, que cuece el pescado. Se sirve junto con un trozo de camote o boniato y con maíz cocido. A veces le añaden cilantro, llamado culantro en Perú. Otros platos típicos son el ají de gallina, el seco de cabrito, la tortilla de raya, las papas rellenas, el lomo saltado y los pescados y mariscos al carbón, como el atún del Pacífico, que posee una textura extraordinaria. En el norte son típicos los anticuchos, brochetas de corazón de vaca; el arroz con pato, cuya receta se basa en el culantro, y el taku-taku, una especie de tortilla hecha con el potaje de frijoles y arroz del día anterior. Los postres están basados en frutas como la chirimoya, el mango, el mamei y la lúcuma; con esta última se preparan unas singulares y deliciosas tartas.
La bebida nacional es el pisco-sour y el cóctel de algarrobita. El pisco es un destilado de uva comparable a la grapa y cada día se elabora mejor. Es un aguardiente fino, digestivo y caro. Una botella de buen pisco no baja de 20 €.
Los 15 lugares arqueológicos imprescindibles de Perú
Machu Picchu
Desde Cuzco es imprescindible ir en tren hasta la ciudadela de Machu Picchu, atravesando el Valle Sagrado. La excursión es de todo el día. También hay que conocer Sacsayhuaman, Ollantaytambo o Pisac. Entrada: 16 € (adultos) y 8 € (niños).
Cararal
A 180 kilómetros al norte de Lima. Un enclave con 32 pirámides de piedra. Con 5.000 años de antigüedad, se sabe muy poco de sus antiguos habitantes. Entrada: 2,5 € (adultos) y 1,5 € (niños).
Sechin
A 375 kilómetros al norte de Lima. El santuario de Sechin, de 3.600 años de antigüedad, es un extraño tratado de anatomía. En las paredes de sus muros de piedra está representado el cuerpo humano en bajorrelieve. Entrada: 1,5 €.
Huacas del Sol y la Luna
A cinco kilómetros de Trujillo, es la Capilla Sixtina del arte moche. Su patio ceremonial es un espectáculo de murales policromados que representan la vida y las creencias de los mochica. Entrada: 2,5 € con guía y 0,50 € el museo del sitio.
Chan–Chan
Pegada a Trujillo, Chan–Chan, de la cultura chimú, es la ciudad de barro más grande de América. Entrada: 1,5 €; niños hasta siete años no pagan.
Complejo del Brujo
A 50 km de Trujillo, consta de tres pirámides: Huaca Prieta, Huaca Cortada y la Huaca de Cao Viejo, en la que se halló en 2006 la momia de la Señora de Cao. El patio ceremonial está presidido por un mural que representa una cadena de reos que van hacia el sacrificio. La momia está expuesta en el museo del sitio. Entrada: 2,5 € (con museo) y 0,25 € (niños).
Huaca Rajada
A 28 km de Chiclayo, es un complejo arquitectónico de tres pirámides y dos plataformas. En una de estas plataformas se han encontrado 16 tumbas de personajes de la élite moche. Cada tumba contiene la réplica del enterramiento. Magnífico museo del sitio. Entrada: 2 € (adultos); 1 € (estudiantes9 y 0,5 € (niños).
Tumbas Reales de Sipán
Sito en Lambayeque, es uno de los mejores museos de América. Por fuera es como una pirámide moche. En su interior guarda los ajuares funerarios de Sipán. Magnífica reproducción de la tumba del Señor de Sipán. No hay que perderse el collar de arañas del Viejo Señor de Sipán y los cetros de los gobernantes. Entrada: 1,75 € (adultos) y 0,25 € (niños).
Túcume
A 30 kilómetros de Chiclayo, este complejo arqueológico de la cultura lambayeque tiene 26 pirámides de adobe. Imprescindible subir al mirador para apreciar la magnitud del lugar. Tiene un centro de interpretación. Entrada: 2 € (adultos), 0,75 € (estudiantes) y 0,25 € (niños).
Ventarrón
A 10 kilómetros de Chiclayo, en la ciudad de Pomalca. Nuevas excavaciones dirigidas por Ignacio Alva. Se han encontrado dos templos de entre 4.000 y 5.000 años de antigüedad. En el más pequeño han aparecido murales policromados con deidades desconocidas. Son los murales pintados más antiguos de América. En torno a los templos hay cientos de tumbas de la época cupisnique. Entrada libre.
Nazca
A 400 kilómetros de Lima se encuentra la Pampa del Ingenio, en las que están labradas en el suelo las misteriosas Líneas de Nazca. Figuras y líneas que solo se observan desde el aire. No se sabe cómo pudieron dibujarlas y para qué. Sobrevolarlas cuesta unos 50 €.
Chavín de Huantar
Este santuario, en el corazón de la Cordillera Blanca, es el centro más importante para comprender las antiguas culturas del Perú. Son impresionantes sus pasadizos subterráneos, que desembocan en la cripta del Lanzón, un monolito de granito que representa al dios de los Andes. En su plaza exterior se realizaban los sacrificios. Entrada: 2,25 € (adultos), 0,75 € (estudiantes) y 0,25 € (niños).
Acantilado de Karajia
En la provincia de Luya se encuentra un acantilado presidido por los Purunmachos, los sarcófagos más espectaculares de los chachapoyas. Constituye un verdadero espectáculo. Entrada libre.
Kumbemayo
A pocos kilómetros de Cajamarca se encuentra Cumbemayo, la mayor obra de ingeniería hidráulica de la América precolombina. Es un paisaje lleno de cavernas sagradas y petroglifos. Los Frailones, las formaciones rocosas horadadas por el viento de la zona, ponen una nota más de misterio a este lugar. Entrada libre.
Ruta Moche
Trujillo y Chiclayo son la base para visitar la numerosas excavaciones de esta ruta.
martes, 17 de mayo de 2011
Guía práctica de Río de Janeiro
Cómo llegar
La principal aerolínea brasileña, TAM, ofrece un vuelo semanal entre Madrid y Río de Janeiro con parada en Sao Paulo. El vuelo opera con un Airbus A330 con clases Ejecutiva y Económica. Parte desde la Terminal 1 del aeropuerto de Madrid-Barajas a las 20.50 horas, llega a Sao Paulo (a 8.137 kilómetros de distancia) a las 4.55 horas, enlaza con el vuelo Sao Paulo-Río que sale a las 7.55 y llega a Río de Janeiro a las 9 horas. Hay varias opciones de retorno desde Río de Janeiro, que enlazan con el vuelo que sale del aeropuerto de Guarulhos a las 20.55 horas y llega a Madrid-Barajas a las 10.05 horas del día siguiente. La aerolínea acaba de lanzar una nueva oferta para sus vuelos domésticos en Brasil que permite al pasajero realizar tres paradas, además del destino final, con el billete de un único viaje (se puede ver la oferta en http://www.girotam.com.br/). TAM vuela a 44 destinos de Brasil y, con los acuerdos con otras aerolíneas, a 88 destinos de Sudamérica. Más información en: http://www.tam.com.br/Cómo moverse
La mejor opción por precio, red y comodidad es el metro de Río (http://www.metronrio.com.br/), con dos líneas de coches con aire acondicionado que conectan los puntos clave del eje principal de la ciudad. Los autobuses urbanos (http://www.rioonibus.com/) están bien señalizados, son baratos y funcionan las 24 horas del día. En las estaciones de metro se venden billetes que combinan metro y autobús. Los taxis normales, amarillos, llevan taxímetro e indicador de suplementos. Los oficiales llevan una pegatina identificativa en la ventana. Los taxis especiales, azules o rojos, operan en el aeropuerto con cupones que se compran en los quioscos del aeródromo. El servicio de radio-taxi (http://www.radio-taxi.com.br/) suele costar un 30 por ciento más caro. Los ferrys que salen de la Estaçao das Barcas y llevan a Niterói y a la Isla Paquetá son rápidos, seguros, económicos y muy populares. El muelle principal, construido en 2004, se encuentra en el mismo centro antiguo de Río, en la Praça XV. La empresa Barcas (http://www.barcas-sa.com.br/) opera un servicio de ferrys y catamaranes más barato y más lento, que permite disfrutar del paisaje. En http://www.specialbike.com.br/ informan sobre el alquiler de bicicletas en Río, que cuenta con 74 kilómetros de carril bici, en su mayor parte paralelos a las playas.
Sofitel Río de Janeiro. (Avenida Atlántica, 4240, Copacabana. Tlf. 2525 1232). Para muchos, el hotel más lujoso de Río. Debe gran parte de su buena fama a su restaurante francés, de excepcional calidad, y a las maravillosas vistas a Copacabana que ofrecen la mayoría de sus habitaciones. http://www.sofitel.com.br/
Fasano. (Avenida Vieira Souto, 80, Ipanema. Tlf. 3202 4000). El primer cinco estrellas en Ipanema y Leblon. Inaugurado en 2007, su diseño, concebido por Philippe Starck y Rogerio Fasano, rinde homenaje a la época de la bossa nova en los sesenta, con materiales importados de medio mundo. http://www.fasano.com.br/
Ipanema Plaza. (Rua Farme de Amoedo, 34, Ipanema. Tlf. 3687 2000). Todo el sabor de los hoteles de playa de los años 70, en Ipanema, cerca del Arpoador, frente a la principal zona gay. En su terraza superior cuenta con una pequeña piscina, un bar y buenas vistas de toda Ipanema. http://www.ipanemaplaza.com.br/
La Suite Joatinga. (Rua Jackson de Figueiredo, 501, Joatinga. Tlf. 2484 1962). El más prestigioso de los hoteles boutique de Río, inaugurado en 2007 por los mismos socios que abrieron el primer hotel boutique de Río, La Maison. Sólo siete suites, con balcón privado, configuran este precioso hotel enclavado en un promontorio de la exclusiva playa de Joatinga. http://www.lasuiterio.com/
Casa da Feijoada. (Rua Prudente de Moraes, 10, Ipanema. Tlf. 2247 2776). El lugar con más fama de cuantos ofrecen el plato típico brasileño: la feijoada. Un copioso desfile de frijoles, arroz, carne de cerdo, farofas, linguinhas y yuca. De entrada, caldinho de feijâo; de postre, guava con queso fresco. http://www.cozinhatipica.com.br/
Albamar. (Praça Marechal Áncora, 186, Centro. Tlf. 2240 8378). Una preciosa construcción de acero y cristal, importada de Bélgica e Inglaterra, que perteneció al primer mercado de pescado de Río, acoge este restaurante histórico especializado en pescado y marisco. http://www.albamar.com.br/
Academia da Cachaça. (Rua Conde de Bernadotte, 26, Leblon. Tlf. 2529 2680). Restaurante, buffet, bar, boutique, museo y escuela que ofrece cursos de caipirinhas. Presume de contar con las mejores caipirinhas de Río, creadas, al gusto, a partir de más de 50 tipos de cachaça. http://www.academiadacachaca.com.br/
Confitería Colombo. (Rua Gonçalves Dias, 32/36, Centro. Tlf. 2232 2300). Un bello símbolo de la opulencia de la alta sociedad carioca a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Fue fundada en 1894 por los portugueses Joaquim Borges de Meirelles y Manuel Jose Lebrâo, a quien se considera creador de la frase “el cliente siempre tiene la razón”. Conserva su decoración art nouveau, con espejos de cristal belgas, sillas de esterilla y balcones de mármol italiano, y ofrece servicio de té de lunes a viernes, entre las 17 y las 19 horas. http://www.confeitariacolombo.com.br/
Garota da Ipanema. (Rua Vinicius de Moraes, 39, Ipanema. Tlf. 2523 3787). El bar donde se cree que Antonio Carlos Jobim y Vinicius de Moraes compusieron la canción internacionalmente conocida A garota de Ipanema, bossa nova quizá perfecta que nació con el título de Menina que passa, inspirada por el paso cotidiano de la quinceañera Heloísa Eneida Menezes –“cheia de luz e de graça”– frente a las ventanas del bar, entonces conocido como Bar Veloso. La partitura de la canción está ahora grabada sobre la pared del edificio del bar. www.ipanema.com/citytour/ipanema.htm
El principal icono de Río, la estatua de Cristo Redentor, se encuentra en lo más alto del cerro de Corcovado, en el Parque Nacional de Tijuca, a 710 metros de altura. La estatua, de 1931, pesa 1.145 toneladas, mide 30 metros y se apoya sobre una base de otros ocho metros de altura. Desde su mirador se divisan las principales vistas de la ciudad: la bahía Guanabara, la laguna Rodrigo de Freitas y las playas de Ipanema y Leblon y Copacabana. Es, desde 2007, una de las nuevas siete maravillas. http://www.corcovado.com.br/
Parque Nacional de Tijuca
Es una Reserva de la Biosfera, declarada Patrimonio de la Humanidad y el mayor bosque urbano del mundo. Se encuentra a unos 20 kilómetros del centro de Río. Ocupa más de 3.300 hectáreas con senderos, cascadas, carreteras, restaurantes, un museo, una capilla, instalaciones para practicar ala delta y una magnífica representación de la floresta atlántica. Los domingos se ofrecen visitas gratuitas guiadas (t 2492 2253, extensión 24). http://www.amigosdoparque.org.br/
Pâo de Açucar
Otro de los grandes iconos de Río es la montaña con forma de almendra, Pâo de Açucar (Pan de Azúcar), de 396 metros de altura. En 1908, el ingeniero Augusto Ferreira Ramos concibió un bondinho (teleférico) para salvar los 1.400 metros que separan el Morro de Urca del Morro de Babilonia, en la cima del Päo. El teleférico no ha dejado de funcionar desde 1912. Fue el primero de Brasil y el tercero del mundo, ofrece bellísimas vistas y, seguramente, las mejores puestas de sol de Río. http://www.bondinho.com.br/
Monasterio de Sâo Bento
Declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, el Monasterio de Sâo Bento (San Benito) fue fundado en el siglo XVI. Sus obras concluyeron en 1669 y destacan tanto por la austera geometría de su fachada como por las manifestaciones de arte barroco de su interior, consideradas las mejores del barroco brasileño. El retablo principal, al fondo de la iglesia, posee una bellísima estatua de San Benito. http://www.mosteiro.org.br/
Museo Nacional de Belas Artes
La colección más completa de los maestros brasileños de pintura y escultura de los siglos XVII al XX se expone en este museo, instalado en 1937 en el edificio de la Academia de Bellas Artes de Brasil. Destaca la colección de pintura del siglo XIX, con cuadros de Víctor Meirelles, Pedro Américo, Cándido Portinari y Belmiro de Almeida. http://www.mnba.gov.br/
Jardín Botánico
Creado en 1808 para la aristocracia por el príncipe Joâo VI, es uno de los jardines botánicos más importantes del mundo. Reúne más de cinco mil especies, entre las que se encuentran palmeras de la época de su creación y un lago con victorias-regias, el mayor lirio acuático del mundo. Acoge un orquidiario, un jardín de plantas que atraen a los colibríes y un raro vivero de plantas carnívoras. http://www.jbrj.gov.br/
Museo histórico nacional
La pluma con la que la Princesa Isabel abolió la esclavitud en Brasil se puede ver en este museo, el mayor de la ciudad, instalado en el arsenal de la primera fortaleza de Río. Tronos imperiales, carruajes reales y la estatua de Pedro II destacan entre más de 287.000 objetos que cuentan la historia de Brasil hasta el siglo XX. Entrada gratuita los domingos. Cerca de la Praça XV, corazón histórico de Río. http://www.museuhistoriconacional.com.br/
Santa Teresa y Lapa
Calles adoquinadas, casas populares del siglo XIX y rincones como la Escalera de Santa Teresa, obra cerámica de Jorge Selarón, atraen cada día decenas de turistas al Barrio de Santa Teresa. La mayoría llega en el tranvía que sale del centro, junto a la catedral de San Sebastián, y atraviesa los arcos del acueducto de Lapa, del siglo XVIII. http://www.rio.rj.gov.br/
Playas
Río posee 86 kilómetros de playas, entre ellas dos de las más famosas del mundo: Copacabana e Ipanema y Leblon. La roca del Arpoador separa Copacabana y su continuación, el Diablo, de Ipanema y Leblon, mientras que estas dos están separadas por una lengua de agua que comunica el mar con la laguna de Rodrigo de Freitas. En Copacabana abundan los restaurantes y en Ipanema los puestos. Ipanema es la playa del voleibol y Tijuca la del surf. http://www.rio-turismo.com/
Estadio de Maracaná
El estadio Jornalista Mario Filho, más conocido como Maracaná (“papagayo”), se construyó en 1950 para acoger la final de la Copa del Mundo de Fútbol. Era el mayor del mundo, con 166.369 plazas. A la entrada hay una galería con las huellas de los futbolistas. Hay visitas guiadas ( 2334 1795) que acceden al estadio por la puerta 16. http://www.suderj.rj.gov.br/
http://www.rio.rj.gov.br/
http://www.embratur.gov.br/
http://www.brazilian-coast.com/
La mejor opción por precio, red y comodidad es el metro de Río (http://www.metronrio.com.br/), con dos líneas de coches con aire acondicionado que conectan los puntos clave del eje principal de la ciudad. Los autobuses urbanos (http://www.rioonibus.com/) están bien señalizados, son baratos y funcionan las 24 horas del día. En las estaciones de metro se venden billetes que combinan metro y autobús. Los taxis normales, amarillos, llevan taxímetro e indicador de suplementos. Los oficiales llevan una pegatina identificativa en la ventana. Los taxis especiales, azules o rojos, operan en el aeropuerto con cupones que se compran en los quioscos del aeródromo. El servicio de radio-taxi (http://www.radio-taxi.com.br/) suele costar un 30 por ciento más caro. Los ferrys que salen de la Estaçao das Barcas y llevan a Niterói y a la Isla Paquetá son rápidos, seguros, económicos y muy populares. El muelle principal, construido en 2004, se encuentra en el mismo centro antiguo de Río, en la Praça XV. La empresa Barcas (http://www.barcas-sa.com.br/) opera un servicio de ferrys y catamaranes más barato y más lento, que permite disfrutar del paisaje. En http://www.specialbike.com.br/ informan sobre el alquiler de bicicletas en Río, que cuenta con 74 kilómetros de carril bici, en su mayor parte paralelos a las playas.
Dónde dormir
Copacabana Palace. (Avenida Atlántica, 1702, Copacabana. Tlf. 2548 7070). El hotel, por excelencia, de Río. En sus suites se han alojado algunos de los más notables y famosos actores y actrices de Hollywood. Su galería de fotografías ilustra su histórico y glamuroso pasado. Mejor alojarse en la parte antigua, por su historia y por sus vistas. http://www.copacabanapalace.com.br/Sofitel Río de Janeiro. (Avenida Atlántica, 4240, Copacabana. Tlf. 2525 1232). Para muchos, el hotel más lujoso de Río. Debe gran parte de su buena fama a su restaurante francés, de excepcional calidad, y a las maravillosas vistas a Copacabana que ofrecen la mayoría de sus habitaciones. http://www.sofitel.com.br/
Fasano. (Avenida Vieira Souto, 80, Ipanema. Tlf. 3202 4000). El primer cinco estrellas en Ipanema y Leblon. Inaugurado en 2007, su diseño, concebido por Philippe Starck y Rogerio Fasano, rinde homenaje a la época de la bossa nova en los sesenta, con materiales importados de medio mundo. http://www.fasano.com.br/
Ipanema Plaza. (Rua Farme de Amoedo, 34, Ipanema. Tlf. 3687 2000). Todo el sabor de los hoteles de playa de los años 70, en Ipanema, cerca del Arpoador, frente a la principal zona gay. En su terraza superior cuenta con una pequeña piscina, un bar y buenas vistas de toda Ipanema. http://www.ipanemaplaza.com.br/
La Suite Joatinga. (Rua Jackson de Figueiredo, 501, Joatinga. Tlf. 2484 1962). El más prestigioso de los hoteles boutique de Río, inaugurado en 2007 por los mismos socios que abrieron el primer hotel boutique de Río, La Maison. Sólo siete suites, con balcón privado, configuran este precioso hotel enclavado en un promontorio de la exclusiva playa de Joatinga. http://www.lasuiterio.com/
Restaurantes
Porcâo. (Avenida Infante Dom Henrique, s/n, Flamengo. Tlf. 3461 9020). La cadena de churrasquerías con sistema de rodizio más popular de Río tiene un establecimiento en Flamengo con vistas privilegiadas al Pâo de Açucar, la bahía y el Corcovado. Excelente carne. http://www.porcao.com.br/Casa da Feijoada. (Rua Prudente de Moraes, 10, Ipanema. Tlf. 2247 2776). El lugar con más fama de cuantos ofrecen el plato típico brasileño: la feijoada. Un copioso desfile de frijoles, arroz, carne de cerdo, farofas, linguinhas y yuca. De entrada, caldinho de feijâo; de postre, guava con queso fresco. http://www.cozinhatipica.com.br/
Albamar. (Praça Marechal Áncora, 186, Centro. Tlf. 2240 8378). Una preciosa construcción de acero y cristal, importada de Bélgica e Inglaterra, que perteneció al primer mercado de pescado de Río, acoge este restaurante histórico especializado en pescado y marisco. http://www.albamar.com.br/
Academia da Cachaça. (Rua Conde de Bernadotte, 26, Leblon. Tlf. 2529 2680). Restaurante, buffet, bar, boutique, museo y escuela que ofrece cursos de caipirinhas. Presume de contar con las mejores caipirinhas de Río, creadas, al gusto, a partir de más de 50 tipos de cachaça. http://www.academiadacachaca.com.br/
Confitería Colombo. (Rua Gonçalves Dias, 32/36, Centro. Tlf. 2232 2300). Un bello símbolo de la opulencia de la alta sociedad carioca a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Fue fundada en 1894 por los portugueses Joaquim Borges de Meirelles y Manuel Jose Lebrâo, a quien se considera creador de la frase “el cliente siempre tiene la razón”. Conserva su decoración art nouveau, con espejos de cristal belgas, sillas de esterilla y balcones de mármol italiano, y ofrece servicio de té de lunes a viernes, entre las 17 y las 19 horas. http://www.confeitariacolombo.com.br/
Música y caipirinhas
Rio Scenarium. (Rua do Lavradio, 20, Centro. Tlf. 3147 9005). Tres plantas con mobiliario del siglo XIX para una sala de conciertos que además hace funciones de restaurante y bar de copas y organiza en su escenario una programación musical especializada en sambas populares y grandes éxitos nacidos sobre todo en Río de Janeiro y Salvador de Bahía. Un clásico de la noche que vibra como pocos durante las noches de Carnaval. http://www.rioscenarium.com.br/Garota da Ipanema. (Rua Vinicius de Moraes, 39, Ipanema. Tlf. 2523 3787). El bar donde se cree que Antonio Carlos Jobim y Vinicius de Moraes compusieron la canción internacionalmente conocida A garota de Ipanema, bossa nova quizá perfecta que nació con el título de Menina que passa, inspirada por el paso cotidiano de la quinceañera Heloísa Eneida Menezes –“cheia de luz e de graça”– frente a las ventanas del bar, entonces conocido como Bar Veloso. La partitura de la canción está ahora grabada sobre la pared del edificio del bar. www.ipanema.com/citytour/ipanema.htm
Qué ver
CorcovadoEl principal icono de Río, la estatua de Cristo Redentor, se encuentra en lo más alto del cerro de Corcovado, en el Parque Nacional de Tijuca, a 710 metros de altura. La estatua, de 1931, pesa 1.145 toneladas, mide 30 metros y se apoya sobre una base de otros ocho metros de altura. Desde su mirador se divisan las principales vistas de la ciudad: la bahía Guanabara, la laguna Rodrigo de Freitas y las playas de Ipanema y Leblon y Copacabana. Es, desde 2007, una de las nuevas siete maravillas. http://www.corcovado.com.br/
Parque Nacional de Tijuca
Es una Reserva de la Biosfera, declarada Patrimonio de la Humanidad y el mayor bosque urbano del mundo. Se encuentra a unos 20 kilómetros del centro de Río. Ocupa más de 3.300 hectáreas con senderos, cascadas, carreteras, restaurantes, un museo, una capilla, instalaciones para practicar ala delta y una magnífica representación de la floresta atlántica. Los domingos se ofrecen visitas gratuitas guiadas (t 2492 2253, extensión 24). http://www.amigosdoparque.org.br/
Pâo de Açucar
Otro de los grandes iconos de Río es la montaña con forma de almendra, Pâo de Açucar (Pan de Azúcar), de 396 metros de altura. En 1908, el ingeniero Augusto Ferreira Ramos concibió un bondinho (teleférico) para salvar los 1.400 metros que separan el Morro de Urca del Morro de Babilonia, en la cima del Päo. El teleférico no ha dejado de funcionar desde 1912. Fue el primero de Brasil y el tercero del mundo, ofrece bellísimas vistas y, seguramente, las mejores puestas de sol de Río. http://www.bondinho.com.br/
Monasterio de Sâo Bento
Declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, el Monasterio de Sâo Bento (San Benito) fue fundado en el siglo XVI. Sus obras concluyeron en 1669 y destacan tanto por la austera geometría de su fachada como por las manifestaciones de arte barroco de su interior, consideradas las mejores del barroco brasileño. El retablo principal, al fondo de la iglesia, posee una bellísima estatua de San Benito. http://www.mosteiro.org.br/
Museo Nacional de Belas Artes
La colección más completa de los maestros brasileños de pintura y escultura de los siglos XVII al XX se expone en este museo, instalado en 1937 en el edificio de la Academia de Bellas Artes de Brasil. Destaca la colección de pintura del siglo XIX, con cuadros de Víctor Meirelles, Pedro Américo, Cándido Portinari y Belmiro de Almeida. http://www.mnba.gov.br/
Jardín Botánico
Creado en 1808 para la aristocracia por el príncipe Joâo VI, es uno de los jardines botánicos más importantes del mundo. Reúne más de cinco mil especies, entre las que se encuentran palmeras de la época de su creación y un lago con victorias-regias, el mayor lirio acuático del mundo. Acoge un orquidiario, un jardín de plantas que atraen a los colibríes y un raro vivero de plantas carnívoras. http://www.jbrj.gov.br/
Museo histórico nacional
La pluma con la que la Princesa Isabel abolió la esclavitud en Brasil se puede ver en este museo, el mayor de la ciudad, instalado en el arsenal de la primera fortaleza de Río. Tronos imperiales, carruajes reales y la estatua de Pedro II destacan entre más de 287.000 objetos que cuentan la historia de Brasil hasta el siglo XX. Entrada gratuita los domingos. Cerca de la Praça XV, corazón histórico de Río. http://www.museuhistoriconacional.com.br/
Santa Teresa y Lapa
Calles adoquinadas, casas populares del siglo XIX y rincones como la Escalera de Santa Teresa, obra cerámica de Jorge Selarón, atraen cada día decenas de turistas al Barrio de Santa Teresa. La mayoría llega en el tranvía que sale del centro, junto a la catedral de San Sebastián, y atraviesa los arcos del acueducto de Lapa, del siglo XVIII. http://www.rio.rj.gov.br/
Playas
Río posee 86 kilómetros de playas, entre ellas dos de las más famosas del mundo: Copacabana e Ipanema y Leblon. La roca del Arpoador separa Copacabana y su continuación, el Diablo, de Ipanema y Leblon, mientras que estas dos están separadas por una lengua de agua que comunica el mar con la laguna de Rodrigo de Freitas. En Copacabana abundan los restaurantes y en Ipanema los puestos. Ipanema es la playa del voleibol y Tijuca la del surf. http://www.rio-turismo.com/
Estadio de Maracaná
El estadio Jornalista Mario Filho, más conocido como Maracaná (“papagayo”), se construyó en 1950 para acoger la final de la Copa del Mundo de Fútbol. Era el mayor del mundo, con 166.369 plazas. A la entrada hay una galería con las huellas de los futbolistas. Hay visitas guiadas ( 2334 1795) que acceden al estadio por la puerta 16. http://www.suderj.rj.gov.br/
Más información
http://www.riodejaneiro-turismo.com.br/http://www.rio.rj.gov.br/
http://www.embratur.gov.br/
http://www.brazilian-coast.com/
Descanso cordobés en la estancia La Hungría
Entre Villa General Belgrano y Santa Rosa de Calamuchita, un tradicional casco de estancia de 1892 fue recuperado por un matrimonio cordobés para convertirlo en un coqueto hotel boutique.
Estancia La Hungría. Autor: Celine Frers.
Cuando fue adquirida en 1998 por sus actuales dueños, Silvina Nícora y Deodoro Barros, la casa estaba totalmente abandonada. Ambos se lanzaron juntos a la tarea de rescate que culminó el 1º de enero de este año. Para lograr el objetivo de mantener el estilo, recurrieron a viejas fotos que conservaban los descendientes de Benigno, algunas de las cuales hoy cuelgan de los muros del hotel. Por lo demás, eligieron una cuidada decoración vintage –donde conviven lo antiguo y moderno– para los espacios comunes y un estilo contemporáneo para las ocho habitaciones, todas equipadas con plasma de 32’ y equipos de aire frío-calor.
Pasear por las dos hectáreas de parque, tirarse en los camastros de dos plazas junto a la piscina, jugar con Frida, el bóxer de los Barros. La capilla familiar será habilitada para realizar ceremonias religiosas de parejas que decidan casarse y celebrarlo en la propiedad; y, a futuro, Deodoro y Silvina proyectan montar muestras de arte.
El entorno es bucólico e invita a la compañía de un libro en silencio, ya sea debajo de un árbol, en la galería o en el estar. Aún así, quienes quieran reforzar con masajes relajantes y descontracturantes tienen la posibilidad de contratar esos servicios. Y los espíritus inquietos encuentran sus opciones en actividades que se contratan a pedido como cabalgatas guiadas (diurnas y nocturnas), trekking y mountain bike a cargo de Dafne y Lola, dos apasionadas de la naturaleza y el deporte.
Las comidas son opcionales y a pedido.
La Hungría
Camino Real s/n, (altura Km 86,5 de ruta 5, entre Villa General Belgrano y Santa Rosa de Calamuchita). T: (03751) 50-1608. C: (03546) 15-45-6572. http://www.estancialahungria.com.ar/$620 la doble con desayuno en alta temporada (Semana Santa, vacaciones de invierno y Fiesta de la Cerveza en octubre) y $490 en baja. No válido para fines de semana largos.Dónde comer cerca
La Pulpería de los Ferreyra. Tradicional parrilla y restaurante junto a la capilla. Los fines de semana conviene ir con reserva porque explota. Libertad 578, Santa Rosa de Calamuchita. T: (03546) 42-1769. http://www.lapulperiaferreyra.com.ar/BierKeller. Especializado en comida alemana. Ruta 5 y Av. Las Magnolias,en la entrada norte de VGB. T: (03546) 46-1425.
La Vaquita. Un almacén y pequeño restaurante con comida caserísima donde hacen unos fideos supremos, para compartir. F. Fader s/n, camino a Yacanto de Calamuchita. T: (03546) 48-4045. Consulte horarios y reserve antes de ir.
domingo, 15 de mayo de 2011
Atacama
Montañas, valles, salares, lagunas, pueblos mínimos y ruinas arqueológicas en el destino estrella del norte chileno.
SAN PEDRO DE ATACAMA.- El paisaje puede cambiar en apenas unos kilómetros. Lo que antes era árido e inhóspito se transforma en verde y fértil. De un terreno yermo a un bosque hay un paso. Bienvenidos al desierto de Atacama.
De Buenos Aires a Santiago, Chile; de Santiago al aeropuerto de Calama y, después, una hora en auto para llegar a destino: San Pedro de Atacama. Una comuna de 6000 habitantes fundada como tal en 1450, aunque la región estuviera habitada miles de años antes por los atacameños o, como prefieren llamarse los lugareños, los licanantay.
En los últimos diez años en esta área se produjo un boom turístico, en parte gracias al primer hotel cinco estrellas que se inauguró y comenzó a atraer visitantes, sobre todo europeos y ya no sólo los clásicos mochileros. Hoy es común ver en las callecitas del pueblo cientos de turistas disfrutando de un plato típicamente atacameño o comprando alguna artesanía.
San Pedro de Atacama, considerada la capital arqueológica de Chile por todos los hallazgos que se hicieron en la región, es un pueblo de casas bajas, de adobe, que crece al ritmo en que más turistas se enteran de su belleza. Su potencial y crecimiento económico no tardaron en quintuplicar la oferta de hoteles cinco estrellas y en diversificar el abanico de propuestas para conocer este oasis en medio del desierto.
Entre las opciones más nuevas está el Alto Atacama, un lodge y spa que nació en 2008 y está orientado no sólo a recibir a visitantes, sino que además busca entrar en comunión con la gente del lugar y perturbar lo menos posible el medio ambiente. Todo está cuidado, desde su arquitectura y comodidades hasta sus propuestas gastronómicas y turísticas. Está a tres kilómetros de San Pedro, rodeado por la cordillera de la Sal, en el valle de Quitor.
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