jueves, 28 de abril de 2011

Un exclusivísimo lugar en el mundo

Casi ni hizo falta que se lo pidiera. María de los Angeles Bachi Scheffler ya se moría de ganas de sólo pensarlo: cuando su hijo Gustavo decidió materializar el sueño de la familia y construir un excepcional parador en medio de la selva misionera, ella no dudó ni un instante y se lanzó a la aventura. Nunca había imaginado que en medio de árboles frondosos y de frente al río Paraíso encontraría un nuevo camino para su vida. Hoy es quien maneja Don Enrique Lodge, en el paraje La Bonita. Allí recibe a los turistas, cosecha vegetales en una huerta orgánica y, mediante una radio, sigue conectada con el mundo exterior. Te contamos cómo es pasar una estadía de lujo en medio de la más pura y salvaje naturaleza.

Ver el color de los atardeceres con los pies sumergidos en el arroyo, sentir el olor de la selva después de la lluvia, oír el canto de los pájaros en la mañana y el sonido de los saltos de agua en lo profundo de los verdes cañadones… nada de esto lo cambiaría”, cuenta Bachi.
Ver el color de los atardeceres con los pies sumergidos en el arroyo, sentir el olor de la selva después de la lluvia, oír el canto de los pájaros en la mañana y el sonido de los saltos de agua en lo profundo de los verdes cañadones… nada de esto lo cambiaría”, cuenta María de los Angeles Bachi Scheffler. Ella es quien, en medio de un paraíso situado en la selva misionera, regentea la posada Don Enrique.


Cada día, las mayores noticias son las que trae la llegada de un nuevo huésped, y las expectativas que genera en los anfitriones. Docente de profesión, se dedicó luego a diversas actividades que, asegura, le dieron una gran capacidad de adaptación. Hace dos años, dejó todo y se lanzó a la aventura de planear, construir y dirigir este proyecto que encerraba los sueños más legendarios de la familia.
 
-¿Qué es lo primero que se le cruzó por la cabeza cuando salió la propuesta de Misiones?
- Oportunidad. Hacía tiempo que con mi marido estábamos elaborando diferentes proyectos para acercarnos más a la naturaleza y desarrollar una vida y un trabajo acorde a ella. También surgieron dudas, todas muy sensatas, pero débiles frente a un fuerte sentimiento interno de que eso era lo mío: mi oportunidad y mi gran desafío.
 
- ¿Cómo es un día típico allí?

- Me levanto a las ocho para supervisar el desayuno. Me encargo de los detalles: las flores en la mesa, el fuego en la chimenea si hiciera falta, verificar las cantidades, e ir previendo la organización del almuerzo. Recibo a los huéspedes que vienen a desayunar, y se organizan las distintas actividades: caminatas, visitas a saltos y cascadas, paseos en canoa, pesca y pic-nic en el pozón, visita a la aldea aborigen, entre otras. Después, parto con alguno de los grupos a realizar alguna caminata: yo les doy un pantallazo de cómo es la selva paranaense. A la vuelta, mi marido y yo nos sentamos a almorzar con los huéspedes mi marido y yo. La mesa es un buen lugar para intercambiar experiencias, y las charlas en general son muy ricas e interesantes. En poco tiempo logramos afianzar los grupos. Después del té los huéspedes se retiran a sus cabañas, y es para mí la mejor hora de relax, que a veces consiste simplemente en contemplar el atardecer en una reposera sobre el deck que mira al arroyo. La cena es más formal y paqueta, sumamente agradable y distendida, se tocan temas muy diversos, como diversos son los huéspedes y sus actividades, y también Daniel y yo contamos anécdotas de nuestra vida en la selva, y de nuestra relación con los colonos de la zona. Las sobremesas se extienden generalmente hasta después de medianoche, alrededor del fuego del hogar, o mirando las estrellas. Yo disfruto todo este día a fondo, cada cosa que hago me encanta, y lo realizo con alegría y un nuevo entusiasmo, porque cada día es diferente, como es diferente y sorprendente la naturaleza, y la naturaleza de nuestros visitantes.
 
"La cena es más formal y paqueta, sumamente agradable y distendida. Las sobremesas se extienden generalmente hasta después de medianoche, alrededor del fuego del hogar, o mirando las estrellas. Yo disfruto todo este día a fondo, cada cosa que hago me encanta, y lo realizo con alegría y un nuevo entusiasmo, porque cada día es diferente, como es diferente y sorprendente la naturaleza, y la naturaleza de nuestros visitantes".
¿Qué es lo que más extraña?

- Aquí no tenemos televisión, ni radio, ni internet, ni teléfono, ni señal de celular, ni recibimos el diario. Las noticias de Buenos Aires nos llegan a través de otros como un eco lejano. Sólo contamos con un equipo de radio que nos permite hablar con mi hijo a Buenos Aires casi todos los días. Me gustaría estar más comunicadas, pero acá tengo una infinidad de compensaciones. Lo que me falta son mis afectos: mi nieta de 3 meses Lucía, hija de Gustavo, que vive en Buenos Aires, y de la que me pierdo su día a día en una etapa en la que cambian vertiginosamente. A mi otra nieta, Martina, de 5 años, hija de mi hija Inés, la veo ahora más seguido porque vive en Posadas. Y me faltan mis amigos, a quienes extraño mucho. Mi amiga entrañable, mi referente: esa confidente que me conoce con la que confrontar mi visión de las cosas y enriquecerlas. Esa amiga que es un regalo de la vida, quizás único. Espero en la distancia poder seguir conservando esa amistad, aunque sé de seguro que ya no será la misma.

-¿Cómo resultó a esta altura un cambio tan radical en el estilo de vida?

Yo no lo llamaría cambio radical, sino evolución, otra etapa de vida. Un cambio implica esfuerzo, y a mi casi no me costó. Es como si toda mi vida hubiera sido una laboriosa preparación para esta etapa: mi niñez montaraz en una casa de campo, jugando a ser Bomba el niño de la selva. Mis vacaciones náuticas hasta mi adolescencia en el velero de mis padres, mi adultez como docente, abocada a desarrollar aptitudes y conocimientos, como ama de casa dedicada a una buena cocina, a ser efectiva en la organización y limpieza domésticas, con gusto por la decoración y ser anfitriona. Y como una constante mi amor por la naturaleza y la aventura. Todo esto se resume y amalgama en esta nueva etapa.
 
-¿Qué piensa su marido que la acompañó en esta aventura?

- Si bien él estaba buscando algo así, al principio dudó mucho. Cuando viajamos a conocer el lugar, la belleza de este paraíso inaccesible lo atrapó. Aquí todo es intenso y salvaje, atrapa y atemoriza a la vez. Volvió con un si a medias que germinó en las siguientes dos semanas, con la ayuda de mi entusiasmo. Hoy, después de dos años, y a pesar de que extraña mucho a sus hijas, creo que su evaluación es positiva. En primer lugar la gran satisfacción de haber dirigido y terminado exitosamente la construcción del Lodge (tarea nada sencilla), y hoy llevar adelante su logística y mantenimiento, y también el soporte administrativo. Aquí se lo ve como un pez en el agua, como un lugareño más: conocedor de caminos y senderos en el monte, hábil conductor en los barriales más fieros. Es también un anfitrión cálido y encantador, siempre predispuesto a largas y amenas charlas, y con una buena relación con los colonos de la zona, que han aprendido a respetarlo y apreciarlo.

 - ¿Por qué le recomendaría a la gente que visite el lugar?

- Para el que es amante de la naturaleza, este es el lugar de encuentro por excelencia. La selva intensa y fascinante es el escenario natural más rico del planeta, porque alberga la mayor cantidad de seres vivos. Esta parte de Misiones es un conjunto majestuoso de serranías, vegetación, innumerables cursos de agua que bajan por profundos cañadones verdes formando saltos y cascadas. Es todavía un lugar salvaje, y el que camina por los pequeños senderos siente la emoción del explorador que descubre un nuevo paisaje. Cada hora del día es diferente, y cada estación del año tiene su propia magia: colores, perfumes, sonidos son una fiesta para los sentidos, y pasan a tener protagonismo las sensaciones y las emociones. El tiempo transcurre de otra manera, y se logra una desconexión absoluta y total de la realidad citadina, que al poco tiempo nos parece muy lejana. Todo esto los podemos vivir, recostados cómodamente en una reposera de la cabaña, con el sonido del arroyo cristalino corriendo a nuestros pies, y enfrente un alto cañadón tapizado de selva y poblado de pájaros. Don Enrique Lodge permite disfrutar de toda esta aventura en la naturaleza con la contención de nuestra compañía, el confort necesario para no extrañar el hogar, con el condimento de un toque de glamour y romanticismo en la ambientación. Y lo más importante es que es muy difícil que alguien se vaya de aquí sin amar la selva y sin haber tomado conciencia que es un ecosistema en grave peligro, y que es responsabilidad de todos defenderlo.
 

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